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Tu jefe sabe que eres un yonqui (y le parece bien)

marzo 16, 2026
Mike Parrillas reflexionando sobre el impacto del alcohol en la sociedad

La heroína de los 80 mataba rápido. Te dejaba tirado en un callejón, daba asco y daba miedo.

Pero el yonqui de hoy es mucho más elegante.

El yonqui del siglo XXI lleva ropa de trabajo. Te da los buenos días en la máquina de café y hasta puede que sea el empleado del mes.

Pero necesita meterse una raya de speed o de cocaína un martes a las seis de la mañana. Y no para salir de fiesta ni para pasarlo bien.

Lo hace para tener los cojones de ir a trabajar a un sitio que odia.

Y la sociedad aplaude. Porque mientras fiches a tu hora y produzcas, a nadie le importa la gasolina barata que le eches a tu motor gripado. Eres un esclavo pagándose su propia anestesia.

Si no es el speed, es la «copita de vino».

Esa cervecita que te tomas después de currar porque te han convencido de que «te la has ganado».

No te has ganado nada. Te estás medicando.

Estás bebiendo para no pensar en la basura de vida que llevas de lunes a viernes. Sobrevives mendigando un poco de dopamina barata el fin de semana.

Y luego están los místicos. Los que se van a tomar ayahuasca o setas para «conectar con el universo».

Más de lo mismo. Más huida hacia adelante.

Confundes el placer instantáneo con la felicidad. Y por eso estás jodido.

La felicidad no es evadirte. Es la serotonina.

Y esa solo aparece cuando tienes los huevos de ponerte metas, currar en lo tuyo y cumplirlas. Cuando dejas de ser un esclavo dócil.

He grabado un vídeo hablando de esto. Sin filtros y sin gilipolleces.

Si te ofende la realidad, no le des al play y sigue esperando a que llegue el viernes.

Si quieres despertar, míralo.

Te leo en los comentarios. Si te atreves.

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