
Si has entrado a este artículo buscando que te recomiende un parche mágico o que te dé palmaditas en la espalda diciéndote que «hagas lo que puedas», cierra la pestaña. No soy un médico de bata blanca. Soy Mike Parrillas. Llevo desde el 13 de octubre de 2022 sin dar ni una sola calada. Y te aseguro que dejar de fumar no va de trucos médicos; va de aprender a sufrir, de forjar tu carácter y, sobre todo, de entender cómo tu propia cabeza te está saboteando.
«Ningún hombre es libre si no es dueño de sí mismo.»
Epicteto (Filósofo estoico).
«Si prefieres que te lo diga a la cara, dale al play al vídeo. Si quieres la guía profunda, paso a paso y por escrito, sigue leyendo hacia abajo.»
El Detonante y los 3 estadios del cambio
Nadie cambia hasta que le ve las orejas al lobo. En mi caso, me acercaba a los 40 años. Llevaba toda una vida trabajando en la hostelería, un sector jodido, rodeado de malos hábitos. Veía de siempre a gente de mi entorno que llevaba mi mismo ritmo y llegaba a estas edades con enfermedades muy graves.
Un día, me empezó un dolor de espalda a la altura del pulmón. Me cagué. Pensé que tenía algo grave. Resultó ser un dolor muscular fantasma provocado por las posturas del trabajo en la cocina, pero esa fue la señal que necesitaba. Me miré al espejo y me dije: «Antes de ir al médico a que te dé una mala noticia, deja estos malos hábitos por completo y por tu cuenta. Siempre será mejor hacerlo por tus propios ******* que porque te obligue un médico».
A la hora de cambiar, hay tres escenarios posibles:
- Por obligación: El médico te dice que si no lo dejas, te mueres. Es el más triste, porque ya vas tarde.
- Por agotamiento: Cuando te duele más seguir haciéndolo que dejarlo. Los problemas son más ******* que lanzarte al mar a nadar.
- Por voluntad propia: El más difícil, porque no hay una amenaza inminente, solo tu deseo de mejorar. En mi caso, usé el miedo a una enfermedad ficticia en mi cabeza para activar la voluntad propia. Igual que en el marketing: el miedo a perder la salud te hace mover el culo más rápido que la promesa de mejorarla.

La herramienta táctica: El CBD como terapia de choque
Aviso: no sustituyas un vicio por otro. Pero yo utilicé una herramienta para los momentos más críticos. Un chaval de un grow shop me habló de un vaporizador con un concentrado de CBD sin nicotina altísimo (3500 miligramos por cada 100 ml). El líquido costaba unos 40€ y el aparato unos 20€. Me dijo que en tres caladas te quitaba la ansiedad. Y era verdad.
Lo usé exclusivamente como terapia de choque. Al principio le daba 6 caladas cuando el mono me subía por las paredes. Poco a poco, fui necesitándolo menos. Tenía claro que no quería sustituir el fumar tabaco por fumar eso, pero me sirvió para apagar fuegos. A los dos meses y medio, el aparato de 2 mililitros me duraba todo el día y el mono del tabaco se me había pasado. Inversión total: 60€ para matar el peor mono de mi vida. Pero la mentalidad no era «fumar esto», era usarlo como un extintor, teniendo claro que el objetivo final era no necesitar nada.
«El objetivo no era cambiar un habito por otro, era usarlo como un extintor para el fuego de la ansiedad.»
La trampa mortal: El engaño del «poco a poco»
Escúchame bien: si estás intentando dejar de fumar (o de beber) «poco a poco», la estás cagando. Mentira. No lo estás dejando.
Cuando reduces la dosis y fumas cada 8 o 10 horas, lo único que haces es pasar hambre de nicotina. Y cuando por fin te fumas ese cigarro, el chute de placer en tu cerebro es brutal. Al hacerlo así, estás consiguiendo que el tabaco sea aún más placentero y estás haciendo la adicción mucho más fuerte. Te tienes que forjar a consumir ese poco, y ese pequeño placer semanal es más adictivo que consumirlo todos los días. No dejas del todo hasta que no lo dejas del todo.
El cerebro es así de hijoputa. Da igual que lleves 15 años limpio; si en la boda de tu primo te fumas un puro porque te crees que «ya lo controlas», estás muerto. Matemáticamente, aunque hayan pasado 20 años, tu cerebro revive la sustancia, recuerda todo lo que un día venciste y al día siguiente vuelves a estar en la casilla de salida con la misma ansiedad del primer día. Se deja del todo, y para siempre.

«Resiste a los primeros impulsos; el remedio llega tarde cuando el mal ha echado raíces.»
Ovidio.
La Psicología del Combate: Seduciendo a tu Subconsciente
Para entender por qué recaes, tienes que saber cómo funciona la reprogramación mental. Tu mente se divide en dos:
- La mente consciente: La que toma la decisión lógica («Quiero dejar de fumar»).
- La mente subconsciente: Donde están grabados a fuego tus años de vicio y automatismos.
Mira tu cerebro con esta analogía: imagina que tu mente consciente es un hombre y tu mente subconsciente es una mujer a la que intentas seducir. Cuando un hombre quiere conquistar a una mujer, ella no le da todo su amor el primer día. Lo pone a prueba. Le hace pequeños tests sutiles para ver si es fuerte, si es congruente y si va en serio.
Tu subconsciente hace exactamente lo mismo. Como llevas años programado para fumar, cuando dices «lo dejo», no te cree. Te manda ansiedad, desgana, mal humor y excusas. Te está poniendo a prueba. Si tú cedes y te fumas un cigarro, tu subconsciente piensa: «Eres un flojo, sabía que no ibas en serio», y la próxima vez te mandará pruebas aún peores. Pero si aguantas el golpe y te mantienes firme una y otra vez… tu subconsciente se rinde ante ti. Se da cuenta de que vas en serio y te da todo lo que necesitas: paz mental y deja de mandarte ganas.

Dopamina vs. Serotonina: El verdadero sistema
En la vida, nos movemos por placeres. Pero hay dos tipos:
- Dopamina: Es la dopamina externa. Placer rápido, barato y adictivo que alimentas con la comida basura, el juego, las redes sociales o las sustancias como el tabaco.
- Serotonina: La hormona de la felicidad y plenitud. Esa sensación brutal de irte a la cama sabiendo que has cumplido tus objetivos del día, que has hecho deporte, que te has levantado a las 5 AM a currar en tu proyecto (como hago yo con Mike Parrillas) y que has solucionado los problemas a tiempo real.
El cumplimiento de tus metas entraña un placer dopamínico interno de realización, pero apunta a la serotonina. Tienes que creer ciegamente que tu vida sin fumar va a ser infinitamente mejor que fumando. Si en el fondo sigues pensando «qué bien estaba yo cuando fumaba», vivirás en un puto infierno eterno. Solo cuando asumes que el futuro limpio es superior, la resistencia cae.
El Océano, las Pirañas y el Sufrimiento necesario
Nos han educado para huir del dolor. El rollo moderno de «no te esfuerces si no te apetece» es la receta para ser un fracasado. Aquí no funciona el «como me apetece, lo hago». Tienes que asumir que este proceso es doloroso y que vas a sufrir, y que tienes que enfrentarte al dolor mirándolo de frente. En esta vida, de los momentos bonitos se disfruta, pero de los momentos duros se aprende. La vida es un aprendizaje continuo.
Dejar de fumar es como tirarte a un océano abierto lleno de pirañas. Tú estás en tu isla, que es tu zona de confort, fumando tranquilamente. Cuando decides dejarlo, saltas al océano y empiezas a nadar a brazo partido, sin parar y sin saber dónde está la siguiente isla (esa nueva zona de confort donde ya no necesitas el tabaco).
Por el camino, tienes a un montón de pirañas mordiéndote por todo el cuerpo: ansiedad y ganas de fumar. Tienes que nadar con fuerza para que no te alcancen, con fe en que llegarás. Y es que lamentablemente, si abandonaste la isla… ya no puedes volver, y esas pirañas, si paras, te van a comer. Esas pirañas que se llaman infarto y cáncer pulmonar. Pero amigo, eres un gran deportista y vas a por el oro, así que le vas a pasar por encima al puto Michael Phelps. Esa es tu actitud.
«Si estás atravesando el infierno, sigue caminando.»
Winston Churchill.
El Autoconcepto: El Elefante y el 600
La mayor excusa de los débiles es decir: «Es que no concibo la vida sin fumar». Dices eso porque te han convencido de que no puedes soportar la incomodidad y porque ves a tu entorno haciéndolo. En el fondo, todos querrían dejarlo, pero se reafirman diciendo que no quieren porque no pueden.
A partir de ahora, tienes que tener una tendencia a mejorar (Kaizen). Cuando te tiras a ese océano y logras domar a tu subconsciente a base de cabezonería, transformas tu autoconcepto y tu autoestima.
Hay un chiste que dice: «¿Cómo metes un elefante en un Seat 600? Diciéndole a un maño que no cabe». Yo soy maño, y me enorgullezco de ser extremadamente cabezón. Esa cabezonería responde a mi autoconcepto: yo me considero un guerrero, una persona de combate a la que le gusta confrontar los problemas. La autoestima es el pegamento que une ese autoconcepto de guerrero con tu actitud diaria contra la manipulación mental de la sociedad.
Cuando aguantas el mono sin doblegarte, tu autoconcepto se transforma. Te conviertes en alguien mucho más fuerte y resiliente que cuando empezaste. Si has podido con esto, el tabaco se quedará atrás y podrás ir a por metas mucho más grandes. Dejar de fumar no solo te da salud; te convierte en el dueño absoluto de tu propia vida.
Recupera el control. Únete a la Resistencia.
